TALLER ONLINE: ESCRITURA CREATIVA PARA LA GESTIÓN EMOCIONAL

 

UNIDAD 1: QUÉ VAS A APRENDER

 

UNIDAD 2: EMOCIONES Y GESTIÓN EMOCIONAL

 

UNIDAD 3: GESTIÓN EMOCIONAL Y ESCRITURA CREATIVA

 

UNIDAD 4: CONCIENCIA EMOCIONAL

 

Aquí puedes descargarte el registro con el que trabajar tu conciencia emocional y elegir la emoción con la que realizar esta actividad:

 

UNIDAD 5: CREAR AL PERSONAJE

 

Os presento dos ejemplos reales de alumnos que crearon sus personajes a partir de la emoción elegida según la experiencia que estaban viviendo en ese momento. Estos ejemplos pueden servirte de guía pero recuerda que lo importante es que la forma que le des a tu personaje sea fiel a tu intuición, es decir, a cómo sientes tu propia emoción. No fuerces dar una forma concreta, simplemente déjate llevar por la visualización, sin forzar la imaginación, y quédate con la primera imagen que te haya venido de tu emoción.

El caso de ANA:

Ana llevaba una temporada muy irascible. Discutía mucho con su pareja, a pesar de reconocer que los motivos de la discusión no eran importantes para ella. Sin embargo, decía no poder evitarlo, todo le sentaba mal. En el trabajo desconfiaba de todos y saltaba a la primera. No se sentía capaz de tener paciencia y había perdido la calma totalmente. Todas estas situaciones que vivía a diario le hacían sentir mal ya que no era su intención discutir tanto, pero no podía eliminar ese enfado que la acompañaba cada día y que parecía hablar por ella.

Cuando Ana realizó la visualización de su enfado, creó el siguiente personaje:

Mi enfado es una gran llama de fuego. La llama tiene la altura de un primer piso de un edificio y me mira hacia abajo con unos grandes ojos redondos que muestran su enfado. Es de un color naranja intenso que acaba en rojo en su parte superior. Es ancha pero esbelta y transmite un calor desagradable que te obliga a mantenerte a cierta distancia de ella.

El caso de JUAN:

Juan se encontraba bloqueado. Tenía muchas ganas de presentar un proyecto innovador a la Dirección de su empresa, incluso lo tenía desarrollado y redactado en un completo informe. Había preparado la presentación y solo le quedaba convocar la reunión en la que podría compartir su idea y comenzar una etapa interesante en su trabajo. Sin embargo, algo le frenaba. Estaba tan ilusionado como aterrado.

Juan trabajó su bloqueo con una actividad de escritura creativa. Visualizó su bloqueo y lo describió de la siguiente forma:

Mi bloqueo es una señora anciana malhumorada. Viste falda y camisa negra y tiene el pelo grisáceo con greñas. Al verla me viene a la mente la imagen de una bruja pero esta anciana no lleva sombrero, solo su pelo despeinado. Su expresión es de enfado. Tiene una larga nariz puntiaguda que parece que me señala de manera acusadora. Sus brazos son delgados y largos, al igual que los dedos de sus manos y sus piernas. En una mano lleva un palo de madera a modo de bastón, y camina encorvada apoyándose en el palo. Es alta, si se pudiese poner recta sería más alta que yo, pero permanece sentada en un gran sofá gris, mirando al suelo.

Crear el personaje. Los casos de Ana y Juan:

 

UNIDAD 6: EL DIÁLOGO

 

El diálogo de ANA:

Ana: ¿Para qué estás aquí? ¿De qué me defiendes?

Fuego: Estoy aquí para que los demás no se aprovechen de ti ya que tú no sabes defenderte.

Ana: ¿Los demás? ¿Quién se aprovecha de mí? – le pregunto extrañada por su respuesta.

El fuego me mira burlón y cuando va a contestar aumenta su tamaño y el tono de su voz: ¿Quién? ¡TODOS!¡ No sabes pedir lo que quieres y nadie te ofrece nada de ayuda! ¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres ser la que se encarga de solucionar los marrones en todos sitios? ¿Quieres que los demás se relajen mientras tú te ocupas de cualquier cosa que venga? Y luego, ¿quién crees que te ayudará a ti? NADIE, y por eso vas siempre tan cansada. (Aquí, en este mensaje de la emoción comienza a aparecer el motivo del enfado, la creencia de Ana es: nadie me ayuda, yo me tengo que ocupar de todo mientras los demás están tranquilos y yo voy a tope y cansada)

Ana: Vale, sí, suelo llevar muchas tareas para adelante y últimamente estoy bastante cansada… pero las hago porque quiero, me gusta mi trabajo y no me importa hacer todo lo que esté en mi mano, y en casa, pues… disfruto cuidando de mi familia. Es lo que me toca hacer, son mis funciones.

Fuego: ¡Ya! ¡Claro que te gusta tu trabajo y cuidar de tu familia! Pero eres humana. También necesitas descansar, que te cuiden, que te ayuden… y ya hace tanto tiempo que no pides lo que necesitas tú que ni siquiera te permites darte lo que necesitas, te olvidas de cuidar de ti Ana. (Mensaje importante de la emoción que se repite: no sabes pedir, se te ha olvidado cómo se hace)

Ana: ¿Pedir? Nunca me ha gustado pedir nada a nadie. Prefiero ser autosuficiente. Si dependo de los demás estoy muerta.

Fuego: ¡Vale, no pidas nada a nadie y sigue echándote a tu espalda la responsabilidad de tus tareas y las de los demás que no terminan a tiempo, o que no saben, o cualquier otra excusa! ¿Eso es ser autosuficiente o dejar que se aprovechen de ti?

El fuego me deja pensativa. Es interesante esto que me dice, siempre pensé que ser autosuficiente era no pedir nada, poder con todo, con lo mío y con lo de los demás. Pero ahora entiendo lo que me dice y por qué está aquí.

Ana: Ya entiendo. Necesito poner límites y aclarar dónde termina mi responsabilidad y empieza la del otro.

En ese momento el tamaño del fuego disminuye, sus ojos están a la altura de los míos, su tono de voz suena suave y cariñoso, y ya no desprende un calor tan desagradable. (Ana acaba de conseguir eliminar la carga emocional que sentía al iniciar el ejercicio, la claridad que acaba de alcanzar le aporta serenidad y lo refleja en el texto con el cambio de tamaño de la llama de fuego)

Fuego: Cuando uno le hace el trabajo a otro, unas veces ayuda pero otras muchas no lo deja crecer. Tú lo haces con la mejor de las intenciones, pero no es bueno para ti ni para ellos. Poner límites no quiere decir que no seas buena compañera o que no quieras a tu familia, simplemente son necesarios para una sana convivencia. (Con la serenidad le llega a Ana de forma espontánea la conclusión que buscaba)

Ana: Muchas gracias por tu ayuda. Me he dado cuenta de que estaba molesta y no quería reconocerlo. Voy a empezar a coger mi responsabilidad de cada tarea y a dejar a los demás con la suya. Gracias por querer protegerme, ya no necesito que te quedes, me acompaña la serenidad.

Fuego: Veo que ya no te hago falta. ¡Que te vaya bien Ana!

La llama se va haciendo cada vez más pequeña sobre el suelo hasta que desaparece con una sonrisa de satisfacción.

El diálogo de JUAN:

Juan: ¿De qué me proteges?

La anciana, que estaba sentada en un sofá negro, en una sala oscura, y que miraba al suelo, al escuchar mi voz levanta su mirada y me mira fijamente con una expresión seria.
Anciana: ¿Seguro que no lo sabes? ¿De qué va a ser? Intento que no te hagan daño- Su tono de voz era chillón y desagradable, pero me hablaba calmada, se mostraba muy segura de lo que decía.

Juan: ¿Cómo me van a hacer daño?

La anciana se levanta del sofá y se acerca a mí. Está encorvada pero aun así su cabeza queda por encima de la mía. Se acerca mucho para hablarme:
Anciana: La gente es envidiosa Juan, cuando vean tu proyecto, lo bueno que es, van a ir a por ti. No querrán que brilles, buscarán tu fracaso y no pararán hasta que te hundas. Te protejo de la envidia de los demás. (Aquí aparece el fin de la emoción: protegerme de la posible envidia de otros, la creencia de Juan es que la envidia puede hundirte y esto le frena y aparece el miedo en forma de bloqueo)

Juan: Pero quizás no todos sean así. Hasta ahora he tenido buena relación con mis compañeros.

Anciana: Porque aún no habías destacado. Pero en cuanto destaques… no tardarán en hundirte.

Juan: Entonces, ¿no es posible que yo destaque nunca? ¿debo quedarme sin realizar este proyecto que tanto me ilusiona para que los demás estén bien?

Anciana: posiblemente esa sea la forma de tener una vida sencilla y cómoda Juan.

Juan: pero yo no quiero una vida cómoda. Yo quiero una vida llena de proyectos que me ilusionen. Es verdad que lo que me dices me deja preocupado, me da miedo que mi carrera profesional se vaya al traste por las envidias de otros, pero también quiero superarlo, quiero poder seguir adelante.

La anciana me mira enfadada. Se hace más grande:

Anciana: No tienes ni idea de lo que dices ¡IMPRUDENTE! Menos mal que Estoy yo aquí para frenarte- la anciana grita y me señala con su largo dedo y cuando termina de hablar me da la espalda como indicando que se ha terminado la conversación. Yo le contesto levantando mucho la voz para asegurar que me oye:

Juan: ¡Pero no quiero que me frenes, quiero hacerlo y ya afrontaré lo que tenga que afrontar! ¡No quiero vivir escondido! (Juan ha desmontado a su miedo al darse cuenta
de que le perjudica más que le protege al sentirse escondido o enjaulado, del rechazo a  esta idea sale su valor para superar el miedo a la envidia)

En ese momento la anciana se gira y me mira agotada.

Juan: No quiero vivir escondido. Quiero mostrarme, ser yo mismo. Puedo defenderme si lo necesito. Puedo cuidar de mí. No quiero estar en una jaula encerrado por miedo a la
envidia de los demás.

La anciana se sienta de nuevo el sillón. Se la ve cansada. Su tamaño disminuye y comienza a iluminarse la sala. (En este momento ha disminuido la carga emocional de
Juan, y se representa en el texto como el cansancio de la anciana, el miedo ha perdido intensidad) 

Anciana: Yo no quiero que vivas escondido, ni en una jaula, solo quiero protegerte.

Juan: Gracias por tu intención de protegerme, pero necesito ser valiente y confiar en mí, confiar en que podré hacer frente a lo que venga.

Anciana: De acuerdo Juan. Te entiendo y sé que lo conseguirás.

 

 

UNIDAD 7: CONCLUSIONES DE LA ACTIVIDAD Y CIERRE

 

 

Espero que hayas disfrutado del taller. ¡Nos vemos en el próximo!

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