DESARROLLO DEL AUTOCONTROL EN LOS NIÑOS

DESARROLLO DEL AUTOCONTROL EN LOS NIÑOS

Los niños son muy emocionales. Suelen actuar dejándose llevar por el impulso de cada emoción lo que los lleva a rabietas, llorar, gritar, dar golpes, esconderse, saltar de alegría, etc… sea cual sea el escenario y contexto en el que se encuentren.  Y es que, la capacidad de autocontrol se va desarrollando en su cerebro a lo largo de todo su crecimiento por lo que esta etapa es ideal para ayudarlos a reconocer sus emociones y sus conductas y aprender a canalizar ese impulso según la situación en la que se encuentren.

La falta de autocontrol en un niño le puede llevar a los mismos resultados no deseados que un adulto. Puede tener problemas de atención y por lo tanto, de aprendizaje; puede tener problemas sociales y sentirse rechazado; puede sentirse totalmente inseguro y desarrollar un apego tóxico a mamá o papá, etc… resultados que traen consigo dolor y malestar. Por eso, cuando enseñamos a un niño a desarrollar su autocontrol debemos hacerlo con la tranquilidad y seguridad de que estamos preparándolo para ser feliz en el mundo que le rodea, incluso en los momentos difíciles que puedan llegar.

Desarrollar el autocontrol permite al niño vivir todas las emociones desde el equilibrio y hacia su bienestar.

 

CÓMO DESARROLLAR EL AUTOCONTROL EN EL NIÑO

En primer lugar, el niño debe vivir todas sus emociones desde la aceptación. Es decir, si se enfada, aceptamos su enfado. Si tiene miedo aceptamos su miedo. Si se frustra aceptamos su frustración… Aceptarla quiere decir que dejamos que la viva sin pretender cambiarla ni hacerla desaparecer. Recuerda que las emociones son fisiológicas (no se pueden evitar) y el autocontrol se aprende, y para aprender hay que experimentar y practicar. Un niño que no sienta frustración o enfado no aprenderá a reconocerlo ni a controlarlo, le faltará entrenamiento. Por lo que, dejamos que vivan estas emociones sin agobiarnos por ello, sin sentirnos mal ni culpables, sino aceptando que forman parte de su naturaleza y de la vida.

Es común un sentimiento de malestar en los padres cuando nuestro hijo siente emociones desagradables como el enfado, el aburrimiento, la frustración… y tendemos a querer evitarlas y que no las sientan. Sin embargo, es algo imposible, las emociones aparecen en el niño al igual que el hambre o el sueño. En vez de evitarlas hay que aceptarlas y atenderlas. 

A continuación, ayudaremos al niño a reconocer cada emoción poniéndole nombre. Hasta los 6 años le ayudamos a reconocer sus emociones nombrándolas. Le decimos: veo que estás enfadado… , veo que estás nervioso…, veo que esto te da miedo… A partir de los 7 años podemos preguntar qué siente para que nos diga su emoción y entonces se la repetimos en señal de aceptación: Ah, estás enfadado, ya veo tu enfado…

El siguiente paso es invitar al niño a calmarse antes de pensar en lo que ha pasado y poner posibles soluciones a la situación. La calma es esa emoción que va a ayudar al niño a poder ser objetivo y pensar con claridad sin que la emoción bloquee su pensamiento. Si queremos poder hablar sobre lo ocurrido necesitamos estar calmados todos para tener nuestros cerebros en predisposición de ello. Lo mejor para que el niño pueda calmarse por sí solo en cualquier lugar, es que cada día trabajemos la respiración profunda y la calma en casa. Por ejemplo,  puedes empezar el tiempo de juegos cuando todos hagamos 5 respiraciones profundas y nos hayamos calmado; o pongo la película tras 3 respiraciones profundas de calma, etc… es una forma de introducir la calma en el día a día del niño.

El espacio entre la emoción y la calma de un niño suele ser largo, y con la edad, y la práctica sobe todo, va disminuyendo. Por eso, si un niño que se enfada no controla el impulso y comienza a dar golpes o a gritar, seguiremos esperando a que se calme pero corregiremos la conducta en ese momento. Una cosa es aceptar su enfado y otra muy distinta permitir una mala conducta.

Aceptamos las emociones de los niños y corregimos las conductas indeseadas en el momento que aparecen. El niño aprende así que la emoción y la conducta no es lo mismo y que debe aceptar su emoción pero elegir su conducta y ser responsable de ella.

Por último, cuando el niño haya conseguido calmarse entonces hablaremos sobre lo ocurrido y le acompañaremos a encontrar soluciones constructivas para sí mismo y su entorno.

 

El autocontrol nos permite dar una salida constructiva a las emociones y también nos ayuda a mantener la motivación ante nuestros objetivos, a no rendirnos ante el esfuerzo, a tener paciencia en los procesos de la vida y a ser respetuosos con los que me rodean. 🙂

 

 

 

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¡Gracias por estar ahí! ¡Y enhorabuena por elegir el camino del crecimiento!

TÚ ERES TU MEJOR RECURSO ANTE LOS RETOS DE LA VIDA. Un abrazo! 🙂

Irene Ruiz Alcaraz

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