Recuerdo una mañana que llegué a la oficina pensando en que lo primero que haría sería una llamada importante a un proveedor.

Como teníamos que hablar de un asunto del que nos urgía una respuesta, dejarlo hecho a primera hora me daría la tranquilidad de tenerlo cerrado. Y me dedicaría el resto de la mañana a cumplir con lo planificado en mi agenda de papel.

Yo soy chica de agenda de papel. No lo puedo evitar. Me gusta escribir a mano y el olor de las hojas.

Entonces ocurrió… la vida.

Al llegar, el Responsable de producción me estaba esperando muy preocupado.

Entró a mis despacho y, casi sin decir hola, comenzó a contarme que los trabajadores de una de las líneas productivas habían tenido una discusión importante. Una discusión que había empezado entre dos personas y acabaron participando los 8 del equipo.

Y lo que más le preocupaba, y también a mí, cuando lo supe….habían habido faltas de respeto entre dos de ellos.

Así que, tuve que dejar aquella llamada para más tarde, porque estas situaciones de conflicto son urgencias cuando aparecen, y esto es así porque son como pequeñas bombas, que si no se desactivan, pueden explotar en cualquier momento y causar daños mayores.

Además de que, en nuestros valores y cultura empresarial estaba grabado a fuego que no se permitían las faltas de respeto. Luego, había que solucionarlo.

Evidentemente, esta situación tan extrema fue puntual. Pero la realidad es que los conflictos de convivencia en el entorno laboral son muy comunes.

Un líder efectivo emocionalmente inteligente es aquel que gestiona los conflictos de forma que ni el cliente ni el jefe los nota… para aprender a hacerlo, aquí:

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PD: En el episodio 62 del podcast LiderAMás profundizo más en cómo hacer que tu equipo no viva en el conflicto.