Fue Victor Frankl el que descubrió la importancia de tener un sentido en la vida. Frankl, un psiquiatra austriaco que fue encerrado en el campo de concentración de Auswich, nos cuenta la importancia que tenía para la superviviencia de los prisioneros el tener: un sentido por el que vivir. Aquellos que lo habían encontrado sobrevivían a los horrores del campo de concentración incluso aunque su constitución física fuese menos fuerte que la de otros prisioneros que no tenían este sentido de vivir. Era como si estos prisioneros tuviesen una extraña fuerza interior que les mantenía contra toda lógica.

Frankl descubrió que la principal diferencia era que estos prisioneros no se preguntaban ¿qué quiero yo de la vida? sino que se preguntaban ¿Qué espera la vida de mí? y encontraban que la vida esperaba mucho de ellos aún. Victor Frankl desarrolló su conocida ciencia llamada Logoterapia con la que ayuda a las personas a encontrar esa brújula interior que les guía y orienta cuándo no saben qué camino tomar ni dónde se encuentran.

Encontrar un sentido a aquello que hacemos cada día es una necesidad que nos lleva a la satisfacción y motivación por vivir, por compartir, por aprender y por avanzar. Es el antídoto contra la apatía y la pereza. Cuando una persona sabe para qué hace algo, cómo contribuye con lo que hace, ya sea realizar un informe sencillo, hacer unas fotocopias o intentar explicar formulación química a adolescentes alborotados, lo hace de forma distinta a cuando esa tarea la realiza sin sentido, por el mero hecho de realizarla y mantener un sueldo. Yo misma pude vivirlo hace unos años. Trabajaba en la empresa privada como Responsable del laboratorio de análisis químico del Departamento de Calidad. La empresa pasó por varios cambios de mandos directivos en muy poco tiempo lo que nos hacía no tener claro el horizonte o la meta de nuestras tareas más allá de seguir con las rutinarias. Esto creó una sensación generalizada entre los compañeros de ir a la deriva, sin un rumbo determinado, sin un sentido claro. y con ello, nos acompañaba un ambiete de desmotivación. Cuando por fin se estableció el orden comenzamos una serie de acciones muy bien explicadas que nos devolvió a todos el sentido y aumentó nuestra motivación. Desde ese momento valoro enormemente el conocer el sentido de todo aquello que emprendo y realizo en mi vida. Y si siento que lo pierdo, paro para poder encontrarlo y seguir acompañada de la fuerza interior y la serenidad que aporta. Unos años después, me convertía en Responsable del Departamento de Calidad, y nunca dejé de ayudar a mi equipo a que encontrar el sentido de lo que hacíamos cada día, de nuestros objetivos. Lo que hizo que el equipo se sintiese fuerte ante los retos que seguían llegando y motivado a superarlos.

El sentido de aquello que hacemos cuando nos obliga a afrontar conflictos y situaciones tensas nos ayuda a querer resolver la situación aportando la propia contribución personal. Y esta actitud proactiva y resolutiva nos lleva a obtener mejores resultados cada día. Por eso, si diriges un equipo o formas parte de él, encontrar el sentido común, que todos lo conozcan y lo compartan mejorará el ambiente de trabajo, la colaboración y la comunicación.

Encontrar el sentido de tu vida, tu para qué, es uno de los factores te va a ayudar a minimizar o eliminar emociones difíciles como la ansiedad y la apatía. Y si lo complementas con técnicas efectivas de comunicación los resultados obtenido mejorarán y aumentará tu bienestar y disfrute de tu vida.

Irene Ruiz.

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TÚ ERES TU MEJOR RECURSO ANTE LOS RETOS DE LA VIDA. Un abrazo! 🙂