Llorar es una reacción instintiva que aparece como resultado de ciertas emociones intensas. Sin embargo, hemos desarrollado la capacidad de retener las lágrimas, y no como parte de la gestión emocional sino, muchas veces, como resultado de creer que no es bueno llorar. Hemos escuchado frases como “no llores, que no es para tanto” o “no llores que no merece la pena” o “si lloras te pones feo”… y como consecuencia hemos automatizado no llorar para no ser rechazados o juzgados por aquellos que lo puedan presenciar. Es decir, hemos introducido en nuestra identidad creencias tóxicas contra el llanto que marcan nuestra relación con las lágrimas.

Sin embargo, a veces, la emoción es tan intensa, la sentimos tan dentro, que por mucho que disimulemos de cara al exterior, internamente sentimos que  necesita salir, y nos subimos en el coche o llegamos a casa a solas, y entonces, estallamos en un llanto. En ese deseado momento en el que nadie te ve, nadie te juzga y puedes sentir libremente. Un llanto que nos alivia, unas lágrimas que nos traen calma y mayor tranquilidad tanto emocional como física. Y es que llorar elimina las hormonas del estrés como la adrenalina, noradrenalina y cortisol, a la vez que libera oxitocina y endorfinas, que son hormonas que nos traen calma y tranquilidad.

 llorar tiene una función química: la de eliminar carga emocional para ayudar a nuestro organismo a volver a su equilibrio y estado de calma.

Además, llorar tiene una función social, al igual que la risa. Y es que, cuando otras personas nos ven llorando entienden que estamos pasando por un momento emocionalmente intenso y nace en ellos la necesidad de prestarte su hombro para llorar y su compañía. El llanto une siempre y cuando se respete y acepte. Biológicamente estamos preparados para aceptar el llanto de los demás y ser compasivos con ellos. Si rechazamos las lágrimas de otros, nos hacen sentir incómodos o pensamos que son débiles y las ponemos en duda… no es porque nuestro cerebro sea diferente sino porque estamos intoxicados por esas creencias contra el llanto.

Se dice que una sonrisa une, pero sentirte con la confianza de llorar ante otra persona y recibir su empatía y su respeto crea una conexión aún más fuerte que las risas.

Así que, ya sabes que cuando sientas ganas de llorar es tu laboratorio interior pidiéndote permiso para generar una reacción química emocional que te va a liberar de tensiones, te va a hacer sentir más tranquilo y, debido a esta calma, te va a permitir pensar con mayor claridad. Permítete jugar con tu química y encontrarte mejor. 😉

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