ME ENCANTA MI TRABAJO PERO ME ESTRESA

ME ENCANTA MI TRABAJO PERO ME ESTRESA

“Me encanta mi trabajo pero me estresa”- este pensamiento ha pasado muchísimas veces por mi cabeza.

Cuando decidí estudiar Ciencias Químicas no lo hice guiada por el corazón ni por la intuición, seguramente pensé en las asignaturas que mejor se me daban en el instituto o en las que más me gustaban, y añadiría los comentarios que escuchaba sobre qué profesiones eran las más rentables o las carreras con más salida profesional en mi ciudad. Lo cierto es, que decidí realizar esta carrera y no fue por vocación. Sin embargo, tuve la gran suerte de sentirme afortunada de aprender todo lo que me enseñó esta carrera universitaria. Me parecía interesante y me apetecía ponerlo en marcha como profesión. Comencé en un laboratorio de análisis y me encantaba. Era becaria, es decir, cobraba poco, entonces las becas no cotizaban a la seguridad social y echaba muchas horas dentro y fuera del laboratorio porque quería adquirir experiencia y hacerme un hueco profesional. Pero la vida me abrió otro camino, comencé a trabajar en un empresa privada en el departamento de Calidad y ahí tuve una carrera que progresaba. Adquirí cada vez mayor responsabilidad, aprendí estadística aplicada, normas, estándares, mejora continua, gestión de equipos… y la verdad, me encantaba. Me sentía afortunada de tener aquel trabajo y agradecida por la oportunidad de aprender todo aquello. Sin embargo, acababa mis días muy agotada y estresada.

El estrés es un enemigo silencioso. Comienza poco a poco, y casi sin darte cuenta, se instala en ti. Y es que, cuando te gusta lo que haces pasas horas y horas y no crees que pueda afectar a tu salud física o mental. En mi caso, hubo un momento en el que me di cuenta de que me pasaba el día completo en el trabajo, y al salir solo me quedaba un ratito en el que debía elegir qué hacer: ir al gimnasio, hacer la compra, quedar con alguna amiga… tanto tiempo de trabajo me dejaba sin apenas tiempo de ocio para mí. En aquella época, yo ya estaba muy conectada con el desarrollo de la inteligencia emocional y por lo tanto, comencé a poner atención a mi cuerpo y mis emociones y me di cuenta de que mis días estaban llenos de autoexigencia, responsabilidad, miedos, momentos de enfado y conflicto laboral, tensión, cambios continuos… y que si bien, todo esto es normal en un entorno laboral (no digo que sea lo correcto, pero sí que es lo más común) me llenaba de estrés y me faltaban otras sensaciones como diversión, confianza, desapego a ciertos resultados, autocompasión….

En la vida, vamos a sentir miedo y valor, enfado y calma, tristeza y alegría, desmotivación e ilusión… el ser humano es así, un ser de polaridades emocionales. Vivir principalmente una de las polaridades en emociones, como me ocurría a mí, lleva a tu cuerpo y mente a un desequilibrio que acaba materializándose en síntomas físicos como dormir mal, taquicardias, dolores de cabeza o problemas digestivos, entre otros. Por ello, es importante que alcancemos un equilibrio emocional en el que sentimos ambas polaridades sin perdernos en una de ellas.

En el momento que fui consciente de mi desequilibrio emocional comencé a ponerle solución. Empecé a salir antes del trabajo para poder dedicarme más tiempo. Poder pasear, tomar un café mientras leía un buen libro, quedar con amigas o familiares cuando necesitase unas risas o un hombro en el que llorar… en definitiva, busqué y generé emociones agradables que compensaban a mi estrés, me devolvían calma y serenidad y me permitían volver al día siguiente al trabajo con más fuerza vital. Así, disfrutaba de aquello que tanto me gustaba pero de una forma más enérgica y sana.

Y es que, precisamente cuando nos gusta mucho lo que hacemos es más fácil perdernos en el hacer y dejar de cuidarnos y dedicarnos tiempo. Sentimos que tenemos que estar todo el día en acción y nos desconectamos de nuestras necesidades apareciendo ese desequilibrio que te avisa de que algo no está bien a través de tu salud.

Ahora estoy trabajando con el proyecto de formación de Inteligencia Emocional y Coaching y no solo me gusta, sino que me encanta! Pero soy muy consciente de que si no me cuido corro un gran peligro de sufrir estrés y alto. Por ello, más que nunca pongo en marcha mis autocuidado. Me reservo momentos del día para mí, para hacer aquello que me gusta y me conecta conmigo misma. Momentos en los que apago la emisora mental y simplemente escucho el silencio, conecto conmigo, con mis emociones y sensaciones y, de manera natural, se activa mi creatividad y mi claridad mental. Recuerdo qué hago, para qué lo hago y recargo pilas mentales. Y así, una vez afilada la sierra, como decía el gran Covey en su libro “los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, cuando vuelvo al trabajo soy más productiva y todo tiene sentido para mí.

En mi caso, he encontrado actividades que me conectan conmigo misma. Desde pasear por la ciudad mientras escucho música con mis auriculares, leer un buen libro mientras me tomo un café en una cafetería bonita, dedicarme unas horas de cuidado corporal mediante ducha relajante, o quedar con una amiga a tomar un vino y hablar de todo lo que nos apetezca, compartir lo que nos preocupa, lo que nos motiva, nuestros sueños, reírnos de todo y de nada… Estas actividades, entre otras, puedo encajarlas en mi día a día fácil, me recargan de energía y me equilibran.

Te invito a que encuentres estas actividades que puedes incorporar en tu día y que te reconectan contigo, a que seas consciente de que eres lo más importante en tu vida ya que sin ti no hay “tu vida”. a que vivas consciente de tu mundo interior, para cuidarlo y desde ahí dar la mejor versión de ti en el mundo exterior. Y si no te resulta fácil, te invito a que te plentees: ¿Qué me impide considerar mi propio cuidado importante?

Necesitas tiempo de ti para ti.

Irene Ruiz.

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Irene Ruiz Alcaraz