EL ENFADO. Claves para gestionarlo.

EL ENFADO. Claves para gestionarlo.

¿QUÉ ES EL ENFADO? El enfado es una emoción primaria. Las emociones primarias son aquellas que nuestro cerebro nos hace sentir para prepararnos a la acción y adaptarnos a lo que está ocurriendo en ese momento con el fin de preservar nuestra supervivencia.

¿PARA QUÉ SIRVE ENFADARSE? El enfado se da cuando nuestro cerebro considera que estamos ante una situación en la que tiene que poner límites o bien cuando considera que alguien está sobrepasando los límites que ya hay puestos. También puede darse porque consideremos que se nos quita algo que nos pertenece y que nos hace bien (ya sean objetos materiales, como un juguete a un niño; o bien sea nuestra libertad). En todo caso el enfado nos prepara para la lucha por lo que sentiremos cómo nuestro cuerpo se nos carga de energía que se concentra en las piernas y manos y en la mandíbula pricipalmente. Esto es así debido a que el ser humano primitivo solía resolver estas situaciones con acciones físicas (morder, golpear, correr) y a día de hoy, aunque no tengamos la tendencia a resolver así nuestros enfados sí que seguimos sintiendo los mismos efectos en nuestro cuerpo.

¿QUÉ HACER CON EL ENFADO? Y aquí es donde está la clave de la gestión de esta emoción. El cerebro siempre genera una gran cantidad de energía cuando emite la emoción del enfado. Esa energía está en nuestro cuerpo mientras dure la emoción e incluso si la situación que me provoca el enfado se prolonga en el tiempo sentiré a cada rato más energía acumulada. ¿De dónde sacamos toda esa energía? El cerebro considera que estamos ante una situación que puede afectar a nuestra supervivencia, es decir, la considera prioritaria por lo que minimiza temporalmente las funciones de aquellos órganos que considera que no hacen falta para la lucha (vejiga, estómago…) para así poder potenciar las funciones de aquellos órganos que sí que hacen falta para la lucha (aumenta ritmo cardiaco, expande los pulmones, aumenta riego sanguíneo a las extremidades…) Esto quiere decir que si no aprendemos a sacar esa energía de nosotros y a minimizar la intensidad del enfado podemos llegar a prolongar en nuestro cuerpo una situación en la que ciertos órganos comiencen a dañarse por estar fuera de su régimen normal. Por lo que sacar el enfado es bueno para nuestra salud. Lo importante es aprender a hacerlo de forma ecológica para uno mismo y para su entorno.

GESTIÓN DEL ENFADO. Toda emoción tiene tres componentes: mental (pensamientos que acompañanas a la emoción), conductual (acción a la que me lleva, toda emoción me lleva a una acción) y física (sensaciones corporales asociadas a la emoción: tensión en la mandíbula; respiración agitada…) Por lo que podemos gestionar cada uno de estos tres componentes. 

Componente físico: Para relajar la tensión acumulada en ciertas zonas de nuestro cuerpo e impedir que la intensidad de la emoción se desborde podemos realizar acciones que nos lleven a eliminar la energía interior, como puede ser gritar al aire, o bien subir y bajar escaleras rápidamente, o tomar respiraciones profundas. En definitiva todo aquello que te lleve a sacar esa ola de energía que el enfade te ha traído a tu cuerpo.

Componente conductual: en este caso lo que haríamos sería controlar nuestras acciones para no dejarnos llevar por la emoción. Por ejemplo, si el cuerpo te pide gritar a alguien y sabes que el resultado no te sería beneficioso, entonces te esforzarás para controlar tu tono de voz y no gritar. O bien, si el enfado te pide salir dando un portazo entonces te esforzarás por salir y cerrar con calma. Y sí, has leído bien, te esforzarás, ya que tendrás que poner toda tu atención en retener toda esa energía y en parar lo que te pide el cuerpo hacer con ella para hacer lo contrario. En este aspecto es muy útil trabajar la comunicación asertiva ya que te aporta técnicas de comuncación que te permitirán tener mayor control bajo los efectos del enfado y te permiten expresarlo de manera adecuada, en el momento adecuada y con la persona adecuada. Comunicar tu enfado es una de las mejoras formas de hacer que desaparezca pero hay que saber cómo hacerlo, siempre desde el respeto a uno mismo y a los demás. Recordemos que cuando estamos enfadados no todo vale, seguimos siendo responsables de lo que hacemos y decimos y por lo tanto de las consecuencias.

Componente mental: El enfado viene del sistema límbico de nuestro cerebro. Los pensamientos sin embargo, vienen de la zona superior del cerebro, el neocortex. Y es esta zona superior del cerebro la que nos permite ser consciente de la emoción que estoy sintiendo y gestionarla. Por lo que realmente, si queremos gestionar la emoción, tanto respirando, como comunicándola (dos pasos que acabamos de ver) previamente he tenido que poner atención a lo que está ocurriendo en mí, es decir, he actividado mi parte superior cerebral a través de la atención y la conciencia de lo que me pasa. Desde ese momento he comenzado a pensar, he pensado en cómo hacer para sacar esa energía y lo he hecho, he pensado en cómo comunicarme y así ha sido, etc…

Pero qué hay más allá? Más allá existen otros prensamientos que acompañan a la emoción en sí, pensamientos como: esto es muy injusto, siempre me hace lo mismo, esta vez se va a enterar… o incluso del tipo creencias: si de verdad me quisiese no haría esto; me merezco más respeto del que siente por mí; las cosas no deberían ser así….  Y es aquí, en estos pensamientos en los que solemos caer una y otra vez y una y otra vez nos enfadamos ante las mismas situaciones o personas. Gestionar la conducta y la intensidad de la emoción es muy importante para que los resultados de nuestros enfados no nos pasen factura a nivel de relaciones, tensiones físicas, bienestar, etc… Sin embargo, gestionar y modificar aquellas creencias o pensamientos que “alimentan” al enfado nos puede llevar a un nivel superior en el que cambia la situación y con ella mis emociones.

Si te preguntas por qué siempre te enfadas por lo mismo, y por qué no puedes evitarlo a pesar de que no quieres volver a enfadarte siempre por lo mismo, si te preguntas cómo podrías cambiar ese aspecto, entonces pon atención a tus pensamientos que te llevan a enfadarte y ahí estará la solución. 😉

Irene Ruiz Alcaraz

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